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sábado, 8 de junio de 2013

Aspectos temporales de la narración II

Buenas, hoy continuaré con la entrada sobre el tiempo en la narración, abordando lo que son las manifestaciones de tiempo y la duración en un relato.

Manifestaciones de tiempo

Dentro de un relato hay muchas manifestaciones de tiempo y varias formas de percibirlo, he aquí una pequeña clasificación de lo que podemos encontrar al leer o incluir al escribir:

Tiempo físico: Es el tiempo de la madre naturaleza, la noche, el día, las estaciones.

«Pasaron ocho primaveras, pero jamás la olvidé».

«La esperé cuatro noches bajo su balcón».

Tiempo psicológico: Es el tiempo de la conciencia; aunque los días tengan las mismas horas en todas partes, su duración no es sentida de la misma manera por todos.

«Los días parecen años cuando estoy lejos de ella».

Tiempo doméstico: El tiempo creado por el hombre, la forma en la que medimos el transcurrir del tiempo: horas, días, meses, años.

«Hace dos años y un día que vivo sin él».

Tiempo lingüístico: es la manera en que se ve reflejado el tiempo en la narración, se da cada vez que hay un acto comunicativo.

«Y entonces, ella le dijo: “Aquí me tienes hoy, ante tus pies”».

A través de esta frase, por ejemplo, podemos notar que el tiempo de la narración está en pasado, mientras que el tiempo en el que transcurre el diálogo es presente (los diálogos casi siempre se ubican en un tiempo presente, independientemente del tiempo de la narración).


Duración

El término duración engloba una serie de procedimientos para acelerar o ralentizar la velocidad del tiempo en el relato. Ninguna historia va a contar absolutamente todo lo que sucede desde el primer día en que comienza hasta el último, y como, generalmente, están cargadas de subjetividad, algunos sucesos van a tener más protagonismo y van a tardar más en ser descritos.

Estos son los recursos que se utilizan dependiendo de cuánto tiempo le queramos dedicar a los distintos eventos de nuestra historia:

Elipsis: Es una figura de aceleración con la que se omite cierta información, salta de un tema a otro dejando una laguna (es decir, algo sin aclarar), que puede o no ser completada más tarde.

«Y entonces, me fui de allí, pero apenas tres días después de haberlo dejado, volví a verlo. Él se acercó a mí mientras tomaba un café y me robó un beso descarado».

Aquí nos estamos perdiendo todo lo que ocurrió en esos tres días, ya sea porque no fue nada importante para el desarrollo de la trama, o porque el autor necesitaba conectar dos escenas que se dan en tiempos distantes; en el segundo caso, lo más probable es que más adelante se aclare qué pasó en esos tres días, incurriendo así en una analepsis (ver entrada anterior).

También podemos encontrar este recurso cuando hay cambios de escena en el relato, es decir, cuando pasamos de un tópico o una situación determinada a otra distinta, siempre enfocándonos en el mismo personaje, omitiendo ciertos pasos o información.

Sumario: Es otra figura de aceleración. A diferencia de la elipsis, en vez de omitir parte de la información, la sintetiza. Cuenta en breves líneas algo que en tiempo real duraría mucho tiempo.

 «Y entonces me fui de allí. Al otro día me levanté cansada, fui a la escuela y luego volví a casa; hice lo mismo el día siguiente, y el siguiente a ese, no tenía ganas de vivir. Pero apenas tres días después de haberlo dejado, volví a verlo».

Ahora nos manejamos con información resumida, ya no es un misterio para nosotros lo que sucedió en esos tres días, sabemos que ella sólo fue a la escuela y nada más.

Escenas dialogadas: Cuando hablamos de escenas dialogadas, nos referimos a la interacción de los personajes mediante diálogos, los cuales sirven para introducir al relato todo tipo de información.

«―Juana, ¿te enteraste lo de Pepa?
―No, dime.
―Pues, parece que rompió con el novio.
―Era obvio, si ella siempre lo engañaba. Tarde o temprano debía pasar».

Desde este diálogo podemos sacar datos sobre la vida privada de Pepa, además de indicios sobre la personalidad chismosa de los personajes que dialogan. Durante la escena la historia sigue en movimiento, el tiempo transcurre y además nos enteramos de datos interesantes.

Por supuesto, la información agregada en estas escenas siempre debe ser nueva, no tiene sentido estar repitiendo en el diálogo lo que ya se dijo en el cuerpo del texto.

Pausas: Como su nombre lo indica, sirve para retrasar el avance de la historia y crear cierto clima de tensión. Su forma más básica es la descripción.

«Sus cabellos eran blancos como el lirio que sus manos sostenían con tanta dulzura, el mar a sus espaldas le daba una mágica imagen de sirena. Sus pies tocaban la arena con tanta gracia que parecía estar flotando sobre el aire, los granos amarillos se pegaban a su piel blanca, inmaculada como la luna misma…».

Básicamente, esta descripción sólo nos dice que el protagonista se quedó embobado mirando a una chica, la acción se detiene para describirnos eso.

Disgresión reflexiva: Así como la pausa, es un elemento para retrasar un poco la historia. Se da cuando el personaje reflexiona sobre sí mismo o sobre algún caso.

«Y entonces pensé: ¿la chica de cabellos blancos me querrá? Pero qué tontería. Pensar que yo, un simple bibliotecario podría conquistar su corazón. Las cosas no van bien en mi familia, y la economía está cada vez peor…».

Aunque a través de esto podamos conocer un poco más al protagonista, esta reflexión no nos ofrece un movimiento, es algo estático, por lo que a veces una reflexión larga puede, más que ralentizar la historia, aburrir al lector.


Una aclaración importante: Lo ideal es tener un balance entre todos estos procedimientos. No se puede hacer una historia sólo con elipsis porque dejaríamos mucho afuera; tampoco una llena de sumarios, la historia se convertiría en un informe policial rápido, suceso tras suceso. Una historia sólo con escenas dialogadas ya pasaría de género literario a género dramático. Si nos paramos a describir absolutamente todo lo que los personajes viven, escribiríamos volúmenes de mil páginas; y, finalmente, hacer una historia basada en contar absolutamente todo lo que siente tu personaje respecto a cada pequeña cosa que se le pasa por la cabeza es aburrido.

Cada uno debe pensar bien antes de agregar estos recursos, nunca abusar de ellos porque el texto se puede volver soso o pesado. Traten de poner un poquito de los cinco, jugar con todas las posibilidades y llenar de matices sus historias.


Hasta aquí llega lo que tengo para decir sobre los aspectos temporales de la narración, espero que les haya gustado, y si les queda alguna duda pueden consultar en la sección de comentarios o en el grupo de Facebook del Taller.


Les deseo un buen día y me despido cordialmente.


1 comentarios :

Jajajaja, morí de risa con la referencia a Pimpinela, quedó perfecta.

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